Mi cuerpo, no es solo ese
material en lo que se encuentra mi ser, mi alma; es mi mayor riqueza, es mi
tesoro más preciado en donde está envuelto todo lo que soy, es mi primera casa
en donde habita todo lo que va creciendo y desarrollándose en mí, y que a pesar
de que sé que va acabarse o destruirse algún día lo cuido y respeto para vivir bien y feliz el
tiempo que Dios crea conveniente para mí. Yo respeto mi cuerpo cuidándolo, siendo consciente de que mi salud
depende del respeto que tenga hacia él, es decir, además de hábitos saludables
como buena alimentación , es necesario no agredirlo con malos hábitos como
alcohol. Mis emociones y sentimientos los respeto aceptándolos y modificando
aquellos sentimientos y pensamientos que me hagan daño. Respeto mi cuerpo
cuando cuido y respeto mi intimidad, cuando no permito que sobrepasen los límites
que yo establezco, cuando no permito que me lastimen por ningún motivo, cuando
defiendo mi cuerpo por dentro y por fuera, cuando me hago respetar por los
demás, cuando lo acepto tal cual como es, cuando tengo conciencia de lo que
hago con él, cuando me enriquezco en valores que hacen de mí una mejor persona,
feliz, bien interiormente influyendo a un mejor estado físico.
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