Debo valorarme porque soy el
resultado de lo que he querido ser, porque soy un ser humano que valgo, que ha
aportado cosas buenas a la sociedad,
porque el amor propio es fundamental para poder valorar a alguien más, porque
si no me valoro no se valorar lo que tengo ni a quien tengo, debo valorarme,
quererme y apreciarme tal como soy, como Dios me hizo para que los demás
también me valoren. Dios me hizo así y tuvo sus razones para hacerlo y aunque
no las sepa las acepto. Debo valorarme porque hago parte de una sociedad, de
una vida maravillosa que muchos ahora no tienen la posibilidad de disfrutar
porque fallecieron o le quitaron sus vidas, que hubiesen dado cualquier cosa
por continuar en ella; debo valorarme porque al hacerlo valoro a mi madre que
me soportó en su vientre y me amó desde el primer día que supo de mi
existencia, valoro a ese Dios todo poderoso que la bendijo dándole esa hija que
tanto deseaba. Debo valorarme para valorar la grandeza de Dios y de la misma
vida, así como también la misericordia de Dios hacia mí. Debo valorarme porque
he sufrido, he llorado, he caído, pero más fuerte y con más ganas de continuar
me he levantado, porque ni las humillaciones ni el dolor más intenso de mi vida
me ha impedido que luche por lo que quiero.
Debo valorarme porque he dado lo
mejor de mí a los demás, porque soy
alguien que de una manera u otra hace
feliz a alguien más, porque soy única entre todos, porque pienso y actúo
diferente, porque nunca podrá haber una exactamente igual a mí. Debo valorarme para así valorar todo
cuanto han hecho por mí y todo cuanto yo he hecho por los demás y por mí misma.
Debo valorarme porque lo tengo
todo en comparación con otros que padecen necesidades y sufren por no tener un
hogar o a alguien a su lado. Debo valorarme porque tengo el privilegio de estar
viva y de construir mi futuro.
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